Volver a la Tierra
Cuando un residuo se convierte en ofrenda
Hay cosas que hacemos todos los días sin detenernos a mirar.
Cortamos una zanahoria, pelamos una fruta, quitamos una hoja, limpiamos la cocina… y aquello que sobra termina rápidamente en la basura.
Pero ¿qué pasa cuando nos detenemos un momento y miramos ese “residuo” de otra manera?
Hace unos días, después de un detox, me encontré con unos residuos de zanahoria.
No había planeado hacer ningún ritual con ellos.
Simplemente sentí que quería devolverlos a la tierra.
Los guardé.
Ese día fui al mar y, cuando regresé a casa, me acerqué al espacio donde tengo mi compostaje. Limpié el hueco, lo sahumé y me senté allí, en contacto con la tierra.
Después tomé los residuos y los devolví.
Eso fue todo.
Y, al mismo tiempo, fue mucho más que eso.
No era un ritual. O quizás sí.
Me quedé pensando en cómo muchas veces creemos que para hacer algo significativo necesitamos saber exactamente cómo hacerlo.
Necesitamos un paso a paso.
Un manual.
Una ceremonia aprendida.
Las palabras correctas.
Los objetos correctos.
Y quizás no siempre es así.
Quizás hay gestos que aparecen cuando aprendemos a escuchar.
No necesitas saber cómo “se hace” un ritual para agradecer.
No necesitas una fórmula para devolver.
No necesitas convertir cada gesto en una ceremonia.
A veces basta con detenerte.
Mirar.
Sentir.
Y hacer aquello que, en ese momento, tiene sentido para ti.
La Tierra también puede ser un lugar para volver a ti
Para mí, volver a la tierra tiene algo de volver al cuerpo.
A lo sencillo.
A lo que está cerca.
A recordar que también somos parte de un ciclo: recibimos, transformamos y devolvemos.
Los residuos de aquella zanahoria dejaron de ser simplemente algo que había que desechar.
Se convirtieron en una pequeña oportunidad para agradecer.
Para cerrar un ciclo.
Para estar presente.
Y para recordar que la conexión no siempre ocurre en grandes momentos.
También puede ocurrir mientras estás descalza, sentada en la tierra de tu propia casa.
¿Y si encuentras tu propia manera?
No quiero enseñarte un ritual para repetir exactamente como yo lo hice.
De hecho, quiero proponerte lo contrario.
Que encuentres tu propia manera.
Puede comenzar con unos residuos de la cocina, una hoja que cayó de un árbol, una planta que necesita volver a la tierra o cualquier otro gesto cotidiano que te invite a detenerte.
Puedes limpiar el espacio.
Sahumar.
Guardar silencio.
Decir unas palabras.
Agradecer.
O simplemente dejarlo allí.
No hay una única manera correcta.
La pregunta puede ser mucho más sencilla:
¿Qué quiero devolver?
¿Desde dónde quiero hacerlo?
¿Qué quiero agradecer, soltar o recordar en este gesto?
Quizás no encuentres una respuesta.
Y también está bien.
A veces el ritual comienza precisamente cuando dejamos de buscar respuestas y simplemente escuchamos.
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